Mario Teijeiro: “Veo a Alberto Fernández, que valida lo hecho por Lavagna entre 2002 y 2005, con la intención de copiar esas políticas”

"El fracaso para una  nueva experiencia neoliberal puede ser políticamente trágica si se confirma en las urnas el triunfo del  Frente de Todos. La crisis que comienza en abril de 2018 y que sería determinante del resultado electoral, fue producto del gradualismo fiscal y del endeudamiento externo"
"El fracaso para una nueva experiencia neoliberal puede ser políticamente trágica si se confirma en las urnas el triunfo del Frente de Todos. La crisis que comienza en abril de 2018 y que sería determinante del resultado electoral, fue producto del gradualismo fiscal y del endeudamiento externo"

La economía se encuentra en plena etapa de transición hacia lo que se perfila como un cambio de gobierno, con una orientación opuesta a la de la actual conducción de Cambiemos que aspira a “dar vuelta” el resultado de las PASO. “La incertidumbre que se ha generado es un factor coadyuvante para que la situación económica que tendremos el 10 de diciembre sea peor que la que existía en 2015”, planteó Marrio Teijeiro.

Y mientras el resultado electoral no se defina y no aparezcan definiciones concretas de política económica, los efectos negativos de la incertidumbre seguirán dañando la economía. Ese contexto determinará una herencia para los dos candidatos claramente peor que la que se preveía apenas 2 meses atrás.

Mario Teijeiro, economista egresado de la Universidad Nacional de La Plata, master en Economía por la Universidad de Chicago, y profesor de Finanzas Públicas en la Universidad del CEMA; además de miembro del Consejo Académico de FIEL, habló con Infobae y dio su visión sobre qué política espera si regresa un gobierno peronista luego del tercer intento fallido de políticas neoliberales (los anteriores fueron los del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, a fines de los 70; y la Convertibilidad en los 90).

– Hasta el 10 de agosto la economía parecía que se encaminaba a un sendero en el que la actividad iba camino a tocar piso y la inflación un techo, y tras el resultado de las PASO todo cambió, y cambiaron las tendencias ¿Cuál es su lectura de ese proceso?

– Mi sensación es que la condición para el freno de la actividad estaba dada, no se sabía bien cuándo iba a ocurrir, pero con semejante velocidad de aumento del endeudamiento del Gobierno el desastre estaba a la vuelta de la curva. Se corría un riesgo evidente. El empeoramiento pos PASO fue producto de la expectativa de vuelta al populismo.

– ¿Cuál era la alternativa que tenía el Gobierno para no caer en el endeudamiento externo, si el financiamiento interno ya era muy modesto? ¿Un violento ajuste fiscal?

– Obviamente, el Gobierno de Macri tendría que haber hecho el ajuste al comienzo de la gestión. Pero también es cierto que no estaban las condiciones políticas para ello. Y al no estar madura la situación de crisis económica, se lo vio a Mauricio Macri proponiendo la continuidad de las prebendas del kirchnerismo; reivindicando la figura de Juan Domingo Perón; y por tanto no contó con las condiciones para hacer los cambios que había que hacer.

Si se va más atrás, se percibe que la llegada de Mauricio Macri a la presidencia fue inoportuna políticamente, porque no había madurado a fondo la crisis económica en manos del kirchnerismo. Entonces lo que se vota en el 2015 es un hartazgo con el totalitarismo político y el desvarío, digamos, venezolano-bolivariano; se votaba a favor de la República, pero no había aún un hartazgo con el rumbo económico, menos lo estaba en las mayorías populares. En ese sentido, yo era uno de los muy pocos qué opinaba en 2015 que lo peor que podía ocurrir era que ganara Cambiemos, porque el escenario económico aún no era suficientemente catastrófico para hacer lo que había que hacer, para eso aún no estaba maduro. Sólo imperaba la visión política: “si esto continúa, nos lleva a Venezuela”.

Si se va más atrás, se percibe que la llegada de Mauricio Macri a la presidencia fue inoportuna políticamente, porque no había madurado a fondo la crisis en manos del kirchnerismo. Entonces lo que se vota en el 2015 es un hartazgo con el totalitarismo político y el desvarío, digamos, venezolano; se votaba a favor de la República, pero en términos de un hartazgo con el rumbo económico no lo estaba en las mayorías populares. En ese sentido, era uno de los pocos qué opinaba en 2015 que lo peor que podía ocurrir era que ganara Cambiemos, porque el escenario para eso aún no estaba maduro. Sólo imperaba la visión política: “si esto continúa nos lleva a Venezuela”.

Si se va más atrás, se percibe que la llegada de Mauricio Macri a la presidencia fue políticamente inoportuna, porque no había madurado a fondo la crisis en manos del kirchnerismo. Entonces lo que se vota en el 2015 es un hartazgo con el totalitarismo político y el desvarío, digamos, venezolano; se votaba a favor de la República, pero en términos de un hartazgo con el rumbo económico no lo estaba en las mayorías populares

– ¿Ahora, con el nuevo escenario que se perfila con el muy probable regreso del populismo, coincide con Domingo Cavallo en que se está en riesgo muy fuerte de caer en la hiperinflación, más aún a la luz de lo que son las propuestas del plan de 100 días de un gobierno de Alberto Fernández: más gasto público; más populismo; más emisión…?

– No lo tengo claro. También en 2001 había pronósticos de que todo iba a derivar en la hiperinflación muy rápidamente, porque era lo que se había vivido tradicionalmente en la Argentina: un gobierno populista que se había quedado sin financiamiento, pero a pesar de eso seguía con los aumentos salariales y déficit fiscales con emisión monetaria, y terminaba en la hiperinflación. Pero nos encontramos con una gran sorpresa, porque en 2002 vino una gran devaluación y detrás no vino la compensación salarial, por la mayor inflación.

Creo que el punto central para que se acabe en hiperinflación es el intento de tratar de mantener el salario real en todo el proceso. Si por alguna razón el gobierno acepta la pérdida inicial del poder de compra de las remuneraciones, eso le ayuda mucho a reducir el déficit fiscal y con eso baje la expectativa de aumento de la emisión monetaria. La clave está ahí.

"Creo que el punto central para que se acabe en hiperinflación es el intento de tratar de mantener el salario real en todo el proceso"
"Creo que el punto central para que se acabe en hiperinflación es el intento de tratar de mantener el salario real en todo el proceso"

– Pero lo que transmite Alberto Fernández a sus seguidores, es cierto en campaña, habrá que ver si cumple en caso de asumir la presidencia de la Nación, es que va a recuperar el poder de compra de los salarios, de las jubilaciones, reducir las tasas de interés. ¿Hay recursos para esa política?

– El tema ahí es ¿a partir de qué punto se propone Alberto Fernández esa mejora del salario real? Una cosa recuperarlo, y de a poquito, como hizo Roberto Lavagna en 2003, a partir de un salario por el piso en 2002, como le había dejado el anterior ministro, Jorge Remes Lenicov, y otra cosa muy distinta sería querer recuperarlo de inmediato al nivel que estaba hace 2 años. La ventaja que el peronismo tendría es que partirían de un gran ajuste del salario en dólares, y del salario real en pesos, al cual sería fácil echarle la culpa a Macri y su herencia, para luego avanzar en una suba real a cuenta gotas. De ese modo, obviamente, se puede evitar una espiral hiperinflacionaria.

Por eso creo que la clave para desembocar en una hiperinflación es que haya un intento inmediato de compensar la caída del salario real de los dos últimos años. En la medida en que eso se evite habrá una posibilidad de que la economía quede en un nivel alto de inflación, pero sin ir a la hiperinflación.

– De hecho, Alberto Fernández intentó atraer a Roberto Lavagna a sus filas. ¿Usted lo ve más allá que un gesto político?

– Veo a Alberto Fernández, que valida lo hecho por Lavagna entre fines de abril 2002 y fines de 2005, con la intención de copiar la política de entonces. Por eso antes de pensar en la posibilidad de caer en la hiperinflación creo que hay que meditar si en la idea de copiar lo hecho por Roberto Lavagna no está incluida una política salarial dura, la cual justificarán en la “herencia que dejó el gobierno de Macri, por eso estamos en este lugar. Ahora nosotros vamos a tratar de volver a crecer y tratar luego de disponer aumentos salariales, una vez que hayamos recuperado el crecimiento”.

Antes de pensar en la posibilidad de caer en la hiperinflación creo que hay que meditar si en la idea de copiar lo hecho por Roberto Lavagna no está incluida una política salarial dura, la cual justificarán en la “herencia que dejó el gobierno de Macri

– ¿Cree que los votantes del Frente de Todos aceptarán esa instancia, si como le sucedió al gobierno de Macri no se llegó a una instancia terminal del tipo de fines del 2001, como para esperar el reordenamiento de la economía?

– No sé. No tengo esa capacidad de previsión política. Pero observo que el mismo hecho de que la ex presidente, Cristina Fernández de Kirchner, le haya cedido la presidencia Alberto Fernández, es un reconocimiento de que la situación económica y política no da para populismos irrestrictos. Hay conciencia de que ha llegado el momento de repetir la experiencia de Roberto Lavagna y hacer un ajuste necesario para un mínimo ordenamiento y control económico. Me da la impresión de que también fue un reconocimiento de que el mundo latinoamericano es muy distinto al de 2015 cuando los populismos imperaban.

"Hay conciencia de que ha llegado el momento de repetir la experiencia de Roberto Lavagna y hacer un ajuste necesario para un mínimo ordenamiento y control económico"
"Hay conciencia de que ha llegado el momento de repetir la experiencia de Roberto Lavagna y hacer un ajuste necesario para un mínimo ordenamiento y control económico"

– ¿Estamos en una situación parecida a la del 2015, porque el Gobierno volvió a subir las retenciones, puso el control de cambio, dispuso el default selectivo, y deja una economía con recesión y alta inflación?

– Creo que hay cosas mejores y otras peores. Empezando por lo mejor estamos con un nivel de deuda neta en términos del PBI menor de la que había en 2001. La deuda neta, sin la deuda intra sector público, está entre 50% y 60% del PBI; en 2001, antes de la devaluación era del 46% y después de la devaluación sobrepasa el 100% del PBI. El Frente de Todos está reconociendo que así como en 2002 y 2003 se hizo un default y luego la reprogramación de los vencimientos de la deuda, ahora ven más a mano una salida sin un reestructuración tan agresiva. Y ven la posibilidad de de un reperfilamiento más amigable.

El déficit fiscal es menor que en 2015, luego del ajuste que se hizo con el Fondo Monetario desde septiembre de 2018, aunque todavía no es el necesario para respaldar un reperfilamiento de la deuda que sea creíble. Habrá que hacer un ajuste adicional.

El Frente de Todos está reconociendo que así como en 2002 y 2003 se hizo un default y luego la reprogamación de los vencimientos de la deuda, ahora ven más a mano una salida sin una reestructuración tan agresiva.Y ven la posibilidad de un reperfilamiento más amigable

– ¿Ve un gobierno de corte populista haciendo eso, porque hasta ahora lo que ha estado predicando, más que bajar el gasto público y reducir subsidios, es aumento de impuestos a los “poderosos”, baja de las tasas de interés para reducir la renta financiera; aumento de salarios y de jubilaciones mínimas; y aumentos de subsidios sociales para medicamentos y para educación? ¿Lo ve como dichos de campaña, y que la política será otra?

– Creo que, como todo gobierno peronista, tiene candidatos naturales en donde concentrar el ajuste. Veo como candidatos el sector agropecuario, con suba de las retenciones; el sector financiero y los ahorristas, con la baja de las tasas de interés y del rendimiento de las Leliq; y las grandes fortunas, con aumentos del impuesto a la riqueza, y tratamientos más exigentes con el Impuesto a las Ganancias. Pero todas estas banderas tradicionales del peronismo dañan mucho y rinden poco, por lo cual para alcanzar los equilibrios fiscal necesarios para ordenar la deuda y la economía, necesitarán consolidar una importante baja de las remuneraciones reales.

– No se ven indicios de que hagan eso ¿Es una expresión de deseos?

– Bueno, hay un indicio, silencioso. Alberto Fernández no está apoyando a ningún gremio para hacer huelgas salvajes y lograr aumentos de salarios ya. No está apoyando movimientos callejeros que apunten hacia eso. Por el contrario, está pidiendo prudencia cuando observa ocupaciones de calles que se van de norma, o cuando hay paro salvajes como el de Aerolíneas; y por lo tanto tengo la sensación de que puede ir por el mismo camino, aunque no la seguridad.

"Alberto Fernández no está apoyando a ningún gremio para hacer huelgas salvajes y lograr aumentos de salarios ya"
"Alberto Fernández no está apoyando a ningún gremio para hacer huelgas salvajes y lograr aumentos de salarios ya"

– ¿Eso lo ve como suficiente para reanimar la actividad económica, porque no envió un mensaje a los industriales para que aumenten la producción y bajen los precios, porque seguirá una política de contención de reclamos de subas de salarios?

– Bueno, ven que la recuperación como en 2002-2005, se producirá naturalmente con un tipo de cambio muy competitivo. Obviamente, en una economía que le pone un freno al aumento de los salarios y que devalúa fuertemente, se está apostando a crecer a través de las exportaciones o menores importaciones, y a través de aumentos de la inversión, financiados con mayores márgenes de beneficio de las empresas.

Una economía que le pone un freno al aumento de los salarios y que devalúa fuertemente, está apostando a crecer a través de las exportaciones o menores importaciones, proteger el mercado interno, y alternativamente, para generar más márgenes de beneficio, que vayan dirigidos a aumentar la inversión

De ahí que, a pesar de que se mantenga la idea de que hay que recuperar los salarios para incrementar el mercado interno, es probable que, al igual que en 2003, inicialmente predomine una estrategia distinta, antinatural para un gobierno peronista. La experiencia de Roberto Lavagna en 2002 la rescatan como exitosa y pretenden repetirla. Si lo van a poder hacer y hasta cuando, es una incógnita política. Si ganan, a partir de las elecciones, habrá un juego político entre un peronismo desarrollista, como el que va a representar Alberto Fernández, Roberto Lavagna y otros, y un peronismo populista alineado con Cristina Fernández de Kirchner. Por ahora están todos juntos detrás de la idea de recuperar el poder. Lo que va a pasar después de recuperar el poder es una historia que está por contarse. Por ahora vemos que al desarrollismo le tocaría primero.

– ¿Usted lo que está viendo es que por ahora Roberto Lavagna va separado al Frente de Todos, pero después de las elecciones, vuelve a juntarse con el peronismo?

– Creo que la jugada natural de Alberto Fernández, si gana las elecciones, es agrandar su base de sustentación para sumar puntos contra el 35% de votantes de Cristina Kirchner, y lograr por lo menos un equilibrio de fuerzas en términos de las dos líneas que van a convivir dentro del peronismo. Y, obviamente veo hoy a Roberto Lavagna cumpliendo un rol de apoyo para que gane Alberto Fernández, manteniéndose como candidato y robándole votos a Mauricio Macri. Y en el intento de la transversalidad que va a buscar Fernández, está el de captar la adhesión del hijo de Raúl Alfonsín, y otros de la tropa derrotada del macrismo; porque económicamente no hay diferencias ideológicas importantes entre ellos.

"En el intento de la transversalidad que va a buscar Fernández, está el de captar la adhesión del hijo de Raúl Alfonsín, y otros de la tropa derrotada del macrismo, si es que gana; porque económicamente no hay diferencias ideológicas importantes entre ellos"
"En el intento de la transversalidad que va a buscar Fernández, está el de captar la adhesión del hijo de Raúl Alfonsín, y otros de la tropa derrotada del macrismo, si es que gana; porque económicamente no hay diferencias ideológicas importantes entre ellos"

– ¿Del lado del financiamiento cree que con ese esquema es posible una reestructuración ordenada de la deuda?

– Es posible. Pero el problema que veo para la reestructuración “amigable” de la deuda es el tema de política exterior vinculado con Venezuela, es un escollo a sortear, porque cualquier arreglo que se haga en el exterior es muy dependiente de la administración americana, que va a estar en un año de elecciones, y necesita éxitos en materia de la política venezolana para conquistar al electorado de Florida y poder ganar su elección. Entonces creo que va haber una demanda del gobierno de Donald Trump para un alineamiento muy firme de Argentina en contra de Venezuela, para hacer lo que decida hacer: sean sanciones; bloqueo comercial, u otras medidas. Por eso, veo ese tema como crítico, porque no sé qué cómo va a resolver el peronismo este tema.

Veo al empresariado a favor de un acuerdo amigable con el FMI y los bonistas, sobre todo porque Vaca Muerta se ha constituido en una política de Estado. Y las ingentes inversiones que demanda eso requieren que baje el índice de riesgo país y reglas de juego estables. Frente a esto tenemos un kirchnerismo muy fiel al proyecto bolivariano.

El problema que veo para la reestructuración “amigable” de la deuda es el tema de política exterior vinculado con Venezuela, es un escollo a sortear, porque cualquier arreglo que se haga en el exterior es muy dependiente de la administración americana, que va a estar en un año de elecciones, y necesita éxitos en materia de la política venezolana para conquistar al electorado de Florida

– ¿Eso va a condicionar la continuidad del apoyo del Fondo Monetario, clave para una reestructuración ordenada de la de deuda?

– Seguramente lo va a condicionar Argentina necesita del apoyo americano en el FMI , el apoyo europeo es muy reticente después del fracaso del programa reciente.

– ¿Usted ve ahora como más inquietante la definición geopolítica por parte de la Argentina que la situación económica?

– Va a ser uno de los primeros test para poner a prueba la interna del peronismo después de las elecciones.

– ¿Políticamente ve margen para esperar ese tiempo, o tiene que definirse todo muy rápido dada la urgencia de los reclamos sociales por la reactivación de la economía?

– Es difícil de precisar los tiempos. No lo veo como una urgencia de 20 días, un mes; es posible que la definición comience a trabajarse después de las elecciones, antes del 10 de diciembre. Lo que trato es de poner sobre la mesa cuáles son los distintos elementos que deberá enfrentar un nuevo gobierno populista.

– ¿Cómo ve la guerra comercial entre los Estados Unidos y China? ¿Puede afectar o no una salida de la Argentina a través de la exportación, con un tipo de cambio competitivo?

– Creo que no está para nada en juego la globalización, sino la relación entre China y Estados Unidos. Creo que los americanos, particularmente la línea de Donald Trump, cree que China fue el gran ganador de la alianza y Estados Unidos fue el socio minoritario, ya sea por lo que ha obtenido en materia de tecnología, lo vinculado con el robo de patentes, pero en esa convivencia el grueso de la ganancia se la llevaron los chinos. Pero creo que al final va a haber un acuerdo y, por tanto, no va a repercutir en el resto del mundo. Pero en definitiva, su visión no parece tan trágica.

– ¿Una última reflexión?

– En cualquier circunstancia es trágico que en nombre del neoliberalismo se haya fallado otra vez. Deseduca al electorado y tiende a confirmar la equivocada idea que solo el peronismo puede ofrecer gobernabilidad y que el populismo es menos malo que el neoliberalismo, al menos para los segmentos de menores ingresos. Si bien es cierto hay una chance importante de que en el corto plazo el peronismo desarrollista tenga las chances de ordenar la economía y evitar la hiperinflación, puede ser una transición pasajera rumbo a la vuelta al populismo extremo.

Fotos: Maximiliano Luna

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